Trabajos de Estudiantes

La marginalidad con ojos claros

Hace dos años, un grupo de niños que jugaban en un peladero de la población Marta Brunet, divisaron a un perro llamado Rocky, circulando con un pie humano en el hocico. Esa macabra imagen fue el inicio de uno de los capítulos más sórdidos de la historia policial chilena, que no solo provocó meses de investigación, sino que planteó temas sociales como la marginalidad, la pobreza y la falta de oportunidades.

Los pequeños que hicieron dicho hallazgo, el lunes 27 de marzo de 2016, dieron aviso a Carabineros, quienes encontraron otras partes del cuerpo en lugares diferentes. Días después, los investigadores repararon en la presencia de un tatuaje con la imagen de Cupido, la que fue reconocida por reclusos del Anexo Penitenciario Santiago I. Ellos recordaron que un joven había pasado por ese recinto penitenciario. El dueño del tatuaje con dichas características, se llamaba Hans Pozo.

El fiscal a cargo del caso, Pedro Sabaj, tuvo que hacerse varias preguntas durante su investigación. La primera fue quién era Hans Pozo. La segunda, porqué lo mataron. La respuesta a esta última consulta nunca llegó. A cinco años de cerrado el caso, todavía existen dos hipótesis, las cuales indican como culpable a Jorge Martínez, funcionario municipal de la comuna de La Pintana y dueño de una heladería.

La primera teoría, basada en la carta que escribió Martínez (la cual fue encontrada en el piano de su casa, después de su muerte), relata que el funcionario municipal tuvo un romance en la década de los 80 y que fruto de la relación, habría nacido Hans. Posteriormente, los peritos demostraron que no había relación sanguínea. La misiva afirmaba que el joven lo amenazaba constantemente con hacer pública la paternidad y exigía que comprara su silencio. En la nota mencionaba que tras varias semanas de acoso por parte de Hans, el funcionario municipal decidió acercarse a una comisaría, donde le pidió ayuda a un uniformado, quien a cambio de 500 mil pesos se iba a “encargar” de Pozo, asegurándole que nunca más lo iba a amedrentar.

Al día siguiente, Martínez leyó en Las Últimas Noticias, que se había encontrado un cuerpo descuartizado, cuya reconstrucción calzaba con la de “Juan Carlos”, nombre con el cual Pozo se había presentado a Martínez, quien confesó en la carta que en ningún momento tuvo la intención de matarlo.

Posteriormente, dos carabineros se dirigieron a la heladería de Martínez para citarlo a declarar. Éste, al verse acorralado, se suicidó.

La versión de la familia, respaldada por la evidencia física, es que él se encontraba en posición fetal y que los disparos que le provocaron la muerte fueron efectuados por funcionarios policiales.

La segunda teoría plantea que Hans Pozo fue abandonado por su madre poco después de nacer, y que por ser rubio de ojos verdes era objeto de burlas al interior de la población Marta Brunet. Pasó por varios hogares de acogida, hasta que se instaló en la casa de su tío materno, para posteriormente terminar viviendo en la calle. Con el pasar de los años intentó volver a tener contacto con su madre, pero tanto ella como su hermanastro lo ahuyentaron con cuchillos. A los 16 años, comenzó a ser consumidor crítico de pasta base de cocaína y para financiar su vicio recurrió a distintos métodos, dentro de los cuales estaba la prostitución. Uno de sus clientes era Jorge Martínez.

Tal como lo menciona el blog Crónicas de amor, de locura y de muerte, “así comenzó una turbia relación: el Rucio tenía dinero para su pasta base y el heladero obtenía lo necesario para saciar sus impulsos sexuales, y de forma directa”.

Con el pasar del tiempo, según la historia que baraja la PDI, Hans Pozo dejó de prestar servicios a Martínez, pero le exigía que le siguiera pagando a cambio de su silencio. Hasta que llegó el momento en donde él se vio sobrepasado, y junto a la ayuda de otras dos personas, asesinó a Pozo con dos disparos en la nuca. Luego, procedió a eliminar todo rastro identificatorio. Lo congeló y posteriormente lo descuartizó y repartió sus restos en distintas partes de Santiago.

Tanto en la primera como en la segunda teoría, ambas tienen elementos avalados por la evidencia física. Para la primera, ¿por qué Martínez fue encontrado muerto en posición fetal y sin pólvora en sus manos?, para la segunda, ¿por qué los restos de Hans Pozo estaban congelados? ¿por qué había sangre del “Rucio” en el asiento del copiloto del funcionario municipal?

El caso judicial se cerró algunos años después, a pesar de que aún había información faltante. No se buscó cómplices del crimen. Se dio por hecho que la culpa fue de Martínez, pero no había como juzgarlo.

El asesinato de Hans Pozo, más que un caso difícil de resolver, hizo ver a la sociedad chilena una pobreza con nombre, apellido y rostro. Hizo darnos cuenta de la existencia de la miseria en su máxima expresión.

Hoy, en Quitalmahue, comuna de Puente alto, hay gente que le pide favores al “Rucio”. Dicen que concede milagros. Así, veneran al mismo que tiempo atrás, todos categorizaban de delincuente.

Linda Baeza, la mamá de la hija de Hans Pozo, pidió que se borrara toda la información posible, apelando al derecho de olvido. Sin embargo, este caso aún está presente en la memoria de la sociedad chilena.

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