Trabajos de Estudiantes

El fin de la normalización de la diferencia de género

La discriminación hacia la mujer finalmente ha causado impacto a lo largo de nuestro país y el mundo entero, mientras que leyes como la de prohibición de diferencia salarial entre hombres y mujeres no son tomadas en cuenta.

Por Magdalena Ortega
Distintos casos, tanto a nivel nacional como mundial, se han vislumbrado en los últimos años. Y es que las diferencias entre hombres y mujeres ya no se invisibilizan. Es más, son la causa de muchas tomas y paros que vemos en nuestro país. Isidora Flores, diseñadora voluntaria del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), concede una entrevista en la que menciona causas, consecuencias y soluciones en cuanto a la discriminación y violencia hacia la mujer.
La Ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá, mencionó el sábado 5 de mayo, luego del lanzamiento de los premios Mujer Impacta, “hoy en día la ley prohíbe la diferencia salarial y exige que las mujeres y hombres recibamos la misma paga por la misma tarea”. Sin embargo, además de que esta ley no se respeta totalmente, hay muchas personas que no están advertidas de la vigencia de este decreto.

– No sabía que existía esa ley, pero yo creo que es muy difícil seguirla, porque aunque yo diga “ya, el hombre gana lo mismo que la mujer”, como jefe puedo decir “ya, pero la mujer falta dos días al mes porque se siente mal porque tiene la regla, entonces le voy a pagar esos dos días menos” o “la mujer tiene hijos y algunos días sale más temprano así es que esas horas se las voy a cobrar menos” – señala la Flores, quien asegura que un jefe puede justificar de muchas maneras el pagarle menos a una mujer, por más que haya una ley que prohíba las brechas salariales según el género.
Si personas como yo que igual están metidas en ese entorno (lucha feminista), no tienen clara esta ley, es muy difícil que lo saquemos con nuestra labor de difusión – dice la diseñadora, sentada en una de las mesas de afuera del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) mientras unos bailarines improvisan con música a un costado. Luego, defiende la idea de que la mujer es tolerada solo si es que cumple ciertas condiciones que están impuestas por la sociedad.
– En las reuniones, está estadísticamente comprobado que las mujeres hablan menos y que son interrumpidas por sus compañeros hombres. También se sabe que a las mujeres les cuesta mucho más pedir un aumento porque les da vergüenza y creen que no lo merecen – explica la voluntaria, con respecto a la encuesta “Percepciones de las mujeres sobre su situación y condiciones de vida en Chile 2017” realizada por la Corporación Humanas, en la que el 88,2% de las entrevistadas siente que las mujeres son discriminadas diariamente en el trabajo.
Al 88,2% que piensa y/o asegura que las mujeres son discriminadas en el trabajo, se le suma un 74,4% que siente lo mismo en la política, y un total de 72,5% en relación al acceso de la mujer a la justicia. Por otro lado, un 71,3% de las interrogadas sienten la misma ofensa hacia el género femenino al referirse a la libertad sexual, y un 62,9% lo percibe así en los medios de comunicación. A estas estadísticas se les suma que el 62,1% de quienes respondieron las encuestas, opina que las mujeres reciben un trato diferenciado en la vida familiar, mientras que un 59,8% visualizan el mismo comportamiento con respecto al acceso a la tierra.
– Estadísticamente a las niñas les va mejor en el colegio, pero les va mejor porque están bajo esta constante presión de que los niños son mejores que ellas, de que los niños son más inteligentes – asegura Isidora, quién además plantea que las mujeres, desde que son muy chicas, conviven con esta presión de que un hombre es mejor que ellas y de que a los niños se les da mejor la matemática.
– Si a ti te va bien en matemáticas es porque estudiaste mucho, pero a los hombres naturalmente les va mejor. Entonces cuando yo logro algo, todo el rato me están diciendo que soy una excepción o que en verdad me hicieron favores, pero no es un logro mío. Entonces, después cuando yo tengo que pedir un aumento, como toda la vida me dijeron que mi logro no era propio, no puedo pedirlo. No me atrevo porque siento que no me lo merezco, pero en verdad sí me lo merezco.
En la misma encuesta realizada por la Corporación Humanas, el 61,6% de las entrevistadas se mostraron de acuerdo con la frase que afirma “da lo mismo si la mujer es la que trabaja fuera del hogar y el hombre se encarga de las tareas domésticas y del cuidado de hijos e hijas”.
– Cuando hay que tomar una decisión de cualquier tipo dentro de una familia, por ejemplo, al final es el hombre el que tiene la última palabra, aunque sea la mujer la que gana más, el que es un caso muy muy extraño. Muchas veces, cuando una mujer gana más que el hombre dentro de una pareja, ella le da más poder a él para que no se sienta mal porque ella gana más. Entonces es muy difícil salirse de eso, y por eso muchas mujeres se deben sentir discriminadas y sin poder dentro de sus propias familias – explica Isidora, mientras intenta hablar elevando la voz debido al ruido de las calles del Barrio Lastarria.
-Está como este paradigma de que los maridos mandan a las esposas, de que el papá manda a las hijas. En el caso papá-hijas, a los niños les dan mucho más permiso que a las niñas, a los niños no les dicen “no salgas después de tal hora” o “no te pongas tal falda ni te pintes o tomes tanto”. Porque a las niñas, según los papás o las familias, siempre les puede pasar algo. A las mujeres, los maridos les dicen “no te juntes con este gallo”, “no estés a solas con más gente”, o “¿cómo se te ocurre gastar tanta plata?”. Los maridos en general controlan los gastos de las mujeres, entonces también hay una discriminación ahí y aunque la persona no lo haga a propósito, igual lo tiene bien metido en la cabeza.

El 67,1% de las entrevistadas señala que “por su forma de vestir las mujeres son acosadas en la calle”, además de un 56,4% que asegura “la naturaleza de los hombres hace que acosen sexualmente a las mujeres”.
– El acoso callejero es algo muy profundo que va instalado en la idea de que las mujeres no pertenecen al espacio público. Nosotras no somos personas en el espacio público, simplemente somos objetos para que los hombres nos miren. Para poder detener el acoso sexual callejero, primero hay que hacer un cambio de mentalidad muy profundo para que los hombres que acosan, entiendan que las mujeres son personas igual que ellos y no son un mero objeto para mirar o decirles cosas, o para que yo en el fondo lo use para mi gusto y me de lo mismo lo que sienta – indicó Isidora, quien junto al OCAC intervienen en la sociedad para intentar remediar y detener el asunto del acoso sexual.
-Para cambiar eso se pueden hacer muchas cosas, al menos el OCAC hace muchas incidencias en colegios, hace capacitaciones para obreros de construcciones que son como los paradigmáticos del acoso callejero. También hace cursos de capacitación para carabineros, para que ellos sepan cómo enfrentar estas situaciones. Es muy difícil decir cómo se puede cambiar el acoso callejero específico, porque lo que tenemos tenemos que hacer es como un gran cambio paradigmático de toda la sociedad. Pero claro, esas pequeñas acciones de capacitación de personas que estén bien involucradas con el asunto, al menos sirve para concientizar.
Para finalizar, Isidora Flores señaló “en el espacio privado yo creo que una puede empezar a ganar espacio, con las personas que una tiene confianza y sabe que no te van a discriminar o te van a hacer a una lado porque una dice cómo se siente”.
Actualmente la ley que prohíbe la diferencia salarial entre hombres y mujeres, se encuentra en el congreso para ser modificada y endurecida, para acabar con la brecha salarial.

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