Columnas y Cartas al Director

Que todo el territorio se vuelva feminista

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Por Javiera Morales S.

Casi como una profecía, el gobierno de Sebastián Piñera traía consigo movilizaciones importantes. Chile no estaba dispuesto a esperar y tal como se habría decretado un par de años atrás, la ofensiva había comenzado. Esta vez, la moción era diferente, esta vez eran miles las mujeres alzando la voz para cambiar la educación sexista que se ha impuesto en la sociedad. Sin lugar a dudas, el país presencia una nueva revolución, con menos pingüinos y más tetas.

Era un secreto a voces la potencia de las organizaciones feministas, movimiento que lucha para acabar con las diferencias de género y todo lo que esta conlleva. Como base de toda discusión, el feminismo tiene que ser entendido como un conjunto de movimientos, porque no solamente es político, sino que también es social, cultural, educacional e incluso económico, y una vez que sea aceptado bajo esas categorías, se puede comenzar a discutir sobre sus demandas más importantes, que es lograr que hombres y mujeres tengan igualdad de derechos y deberes, y eliminar cualquier tipo de abuso que pueda darse por las diferencias entre ambos.

Desde el año pasado, que diferentes colectivos feministas han convocado a marchas para demostrar el descontento que miles de mujeres tienen, por los abusos a las cuales han sido sometidas, solamente por el hecho de ser mujeres. El binarismo de género ha influido en gran parte en la conformación de esta cultura machista y hegemónica que ha reinado en la sociedad en las últimas décadas.

El binarismo de género es la referencia al hombre y a la mujer, y así mismo, a lo masculino y femenino, respectivamente. Pero cuando las identidades de género se escapan de aquellas definiciones o variedades, se habla de un género no binario, que es la no identificación con lo masculino o lo femenino en relación al sexo correspondiente, si no que la existencia de un sentido de pertenencia con una variedad extensa de géneros.

En el margen de lo establecido anteriormente, se retoma la teoría de que esa clasificación separatista y limitante, es una de las grandes causas de la sociedad patriarcal en las que estamos inmersos. Todo esto debido a que, el designar ciertas aptitudes, actividades o significados a un género en particular, produce que se normalice y se reproduzca socialmente las diferencias de género, porque hay cosas que los hombres pueden realizar que las mujeres no, solamente por responder a un género femenino concordante.

Los ojos de miles de mujeres se abrieron este año, y si bien el movimiento ya había comenzado a levantarse, esta vez las estudiantes no estaban dispuestas a aceptar lo que por años habían aceptado. Las cosas habían cambiado, y las universidades y colegios lo habían validado con tomas y paros, petitorios y trabajos en conjunto.

La Universidad Diego Portales, fue la primera casa de estudios que decidió radicalizar el movimiento, con una toma levantada por las compañeras de la Facultad de Psicología el día 7 de mayo. Luego, más de diez universidades agarraron fuerza y se levantaron bajo la misma consigna: no más abusos, no más diferencias de género y no más sexismo en la educación.

La toma de la Facultad de Psicología, impulsó a que las otras facultades de la Universidad Diego Portales adquirieran la misma fuerza y organización para comenzar a reunirse, realizar asambleas, paros, conversatorios, un petitorio donde se visibilizara los puntos en los que cada carrera estaba fallando y finalmente radicalizar el viernes 8 de junio como un bloque.

El actuar de esa manera, dejar en un segundo plano las particularidades de cada espacio, para agruparse entre todas y trabajar como núcleo, permitió tener más influencia mediática y también con los directivos, lo que logró además, presentarse con más peso a negociar y conseguir la aprobación de 29 puntos de los 32 que tenía el petitorio.

La movilización feminista que se llevó a cabo no solo en la Universidad Diego Portales, sino que también en el resto del país, provocó que se hablara y se cuestionaran temas que hasta hace poco estaban guardados bajo la alfombra. La normalización del androcentrismo que ha situado al hombre, el que generalmente existe en un escenario de privilegio, siendo cisgénero, heterosexual, blanco, no indígena ni inmigrante, en una posición central en el mundo, como la única mirada posible y verdadera de decisión, comenzó a ser puesto en duda. Era esa aceptación, la que ha cultivado las grandes diferencias de género, pues situar al hombre al centro de todo escenario, le permitía una posición de poder por sobre la mujer y las decisiones que podían tomar.

Entre la primera facultad tomada y la última, 38 días de movilización permitieron consolidar un movimiento el cual la sociedad miraba en un principio, de reojo. Crear un trabajo organizado, con tareas designadas, mantuvo la responsabilidad en cada uno de los espacios. Dos asambleas diarias, comisiones para controlar desde la seguridad hasta la limpieza, racionar los alimentos para que todes comieran y el establecimiento de leyes para hacer de ese espacio, un lugar seguro.

En algunas facultades, se decidió que la toma fuera separatista. En otras, la participación de todes era la oportunidad de crear un espacio de conocimiento y deconstrucción. Es por eso, que no hubo diferencias de poder que marcaran las tareas que había que realizar. Los hombres que participaron activamente en la movilización sabían mayoritariamente, el lugar que debían ocupar. Tenían claro que históricamente se habían adueñado de todos los espacios, y que este no les pertenecía, que no era su lucha, pero que podían acompañar a las mujeres en esto.

En esos espacios no concedidos y negados, miles de mujeres estudiantes, tomaron el empoderamiento como la única opción de liberarse del sistema patriarcal. Conversaciones entre compañeras, aprendiendo de la sororidad y del feminismo, dio el pié a una reflexión grupal para armar las demandas estudiantiles colectivas. Los aportes de cada una, la mayoría sin un profundo conocimiento del feminismo desde la teoría, consagró que se articulara un gran cordón de mujeres organizadas.

Se definió dentro de la urgencia que tenían varios puntos, erradicar la educación sexista predominante en Chile. El movimiento feminista se tomó las calles mañaneras, a través del llamado que hace una vez al mes Confech. En la Universidad Diego Portales, sacaron las batucadas, los lienzos, y las ganas de gritar todos los cánticos que se escribieron. Se organizaron para pintarse los cuerpos y utilizarlo como un arma de lucha, para cambiar el paradigma de que las tetas no solo sirven para la pornografía, ni para vender una que otra cerveza.

Siempre habrá puntos de conflicto entre los compañeres, más que nada por el poco conocimiento que muchos tienen. El feminismo pareciera asustar, y bajo esa primera imagen, la distancia de quienes no han cuestionado el escenario actual, no permite que exista un aprendizaje de este movimiento. Sin embargo, quienes sí le perdieron el miedo y se sintieron identificades con sus demandas, armaron un grupo basado en el entendimiento, en el amiga yo te creo, en la sororidad con la mujer que está al lado. La radicalización del movimiento formó una familia portaleana.

En la Universidad Diego Portales, las mujeres organizadas decidieron bajar las movilizaciones porque se ganó una batalla muy importante, que es cambiar ese machista modo de hacer que ha reinado por años en el mundo y en los espacios de aprendizaje. Sin embargo, todo esto ha sido solo el comienzo de un movimiento que está lleno fuerza, resistencia, sororidad y sobretodo ganas de que cambiar las cosas. La lucha es transversal e inminente, y el feminismo no descansará hasta que no se mate a ninguna mujer, por el solo hecho de ser mujer, ni hasta que no las violen, acosen o simplemente violenten.

El feminismo no descansará hasta que se pueda vivir en un mundo donde no haya desigualdad de género, donde realmente haya caído el patriarcado. Pero ganar el 80% del petitorio a nivel UDP, es una gran victoria al movimiento. El feminismo por hoy, venció y transformó ciertos espacios que se creían cerrados y perdidos. La Universidad Diego Portales bajó sus movilizaciones en común acuerdo, pero la lucha continúa.

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