Columnas y Cartas al Director Género y Disidencia

Cuestionar(se) para deconstruir(se)

Por Javiera Morales S.

Tengo al menos tres categorías de cosas que guardo en Instagram: decoración de interiores (para mi futuro departamento que no tengo), recetas veganas (que constantemente digo que las haré, pero ni siquiera compro los ingredientes) y cosas sobre feminismo. De esta última, mi debilidad son los escritos en las paredes, algo que me recuerda mucho -quizás meramente por el nombre- al libro “la calle me distrajo”. Pero creo que ninguna frase, ni de las que he fotografiado, ni de las que encontré en Instagram, me llamó tanto como “la deconstrucción es un acto de amor”.

El concepto deconstrucción, sobretodo este año, ha tomado protagonismo en la lucha feminista, y no solo en términos políticos, sino que también en las relaciones interpersonales que tenemos todxs a diario. Para quienes no sabíamos, el término en líneas muy generales, significa construir nuevos conceptos a la vez que se van transformando/destruyendo los antiguos. Conceptos que por lo demás, han sido validados histórica y culturalmente. Tengo la impresión, que la mayoría teníamos una concepción bastante parecida.

Si bien el término no se centra netamente en la deconstrucción de la ideología patriarcal, nos permite ponerle nombre a un proceso del que deberíamos todxs ser parte: cuestionarnos la sociedad en la que hemos estado inmersos desde siempre, el orden que esta conlleva y sus privilegios. Es por eso, que creo que es una tarea compartida, de la cual nadie debería quedarse al margen, pero como alguien me dijo hace poco, debería ser casi una obligación para los hombres.

Y sí, es un tremendo acto de amor deconstruirse, replantearse cómo injustamente han sido las cosas por los siglos de los siglos, cómo nos han tratado, cómo nos han mirado, cómo nos han condicionado. La imposición de los binarismos de género, de la imagen de este hombre masculino fuerte y de la mujer femenina débil, roles que por lo demás funcionan bajo la lógica capitalista del opresor y la oprimida, y que mientras no acabemos con eso, no podemos hacer caer al patriarcado.

Sin embargo, ese acto de amor, debe ser entendido desde la generosidad y la justicia, sin esperar una retribución o reconocimiento por el cuestionamiento -lógico- de los privilegios. Con esto quiero decir que, tú hombre heteronormativo o de masculinidad hegemónica, al darte cuenta de las sostenidas ventajas y beneficios que has tenido, no te hace merecedor de un premio ni una alabanza por cuestionar el orden social de las cosas, donde hemos sido situadas en una posición de inferioridad respecto a tu género.

Es por esto, que junto con hacerme cargo de mis propias palabras, no confío en la deconstrucción de aquellos hombres -entendidos como los que nombré un poco más arriba- que se autodenominan feministas, que se pintan las uñas como recordatorio de los privilegios que tienen y que se están dando cuenta de lo injusto que es, ni de quienes ocupan la pañoleta verde amarrada a diario, y por supuesto, desconfío en lo absoluto, de quienes incluyen en su discurso el ‘soy un cabro súper deconstruido’.

¿Por qué? Básicamente, porque considero que esos hombres pueden apoyar la causa feminista, sin duda alguna, pero no apropiársela. Creo que haciéndola propia, caemos nuevamente en el ‘yo hombre privilegiado, sigo teniendo privilegios porque hago propio algo que es tuyo’. Por eso, me enorgullezco de aquellos compañeros que nos han acompañado en la lucha, aprendiendo también muchas veces de ellos, pero que comprenden que por esta vez, no pueden estar en la primera fila con nosotras.

Y con esa explicación, agrupo a quienes se pintan las uñas y ocupan la pañoleta, con la sensación de que lo necesitan visualmente para acordarse de la lucha. Y no, no estoy de acuerdo con eso tampoco, porque si necesitas acordarte de lo oprimidas, violentadas, silenciadas e inferiorizadas que hemos sido con ese tipo de cosas, me causa ruido la fuerza de tu deconstrucción. La necesidad de verlo, para creerlo.

Por último, el recurso de ‘soy un cabro súper deconstruido’ tampoco va, ni siquiera una está completamente deconstruida. Sí he presenciado el cuestionamiento que han tenido hombres cercanos a mi, el proceso, cómo ha ido cambiando el discurso ¡Qué bueno que sea así!. Sin embargo, retomo el punto inicial de esto, no esperes un reconocimiento por hacer algo, que deberían(mos) hacer todxs.

La cultura patriarcal se ha encargado de construir binarismos de géneros, que están sostenidos en la dominación, donde unxs mandan y otrxs obedecen, preservando el orden social establecido y logrando mantener un equilibrio en ese orden. Estamos tan enceguecidos por ‘nuestras’ propias construcciones sociales, que no somos capaces de ver cómo nos han moldeado e influenciado a ser quienes somos.

Somos personas que tenemos el deber de aprender, de transformar quienes somos, de deconstruirnos, para así convivir igualitariamente y no sufrir las consecuencias -irreparables- de la ignorancia.

Fuente: Las paredes son nuestras

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