Nacional Reportajes y Entrevistas

Cómo vivió la familia de Ricardo Palma su fuga desde la CAS

Solo 58 segundos demoró un helicóptero en volar sobre la Cárcel de Alta Seguridad, bajar al patio, recoger a cuatro reos y retomar su camino, para dirigirse al Parque Brasil en la comuna de La Granja.

El llamado “Vuelo de justicia” por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), fue una hazaña digna de una película. Sin embargo, para la familia de uno de los fugados, el suceso se vivió de manera distinta. Primero, existía la felicidad de que su familiar encontrara la libertad y luego el constante miedo de que fuera capturado o asesinado.

 

26 de diciembre

Cinco días antes del inicio del año 1997, en la Cárcel de Alta Seguridad (CAS), a eso de las cuatro de la tarde, Gendarmería abría el espacio para que la mayor cantidad de visitas pudieran compartir unos minutos con sus familiares presos en el periodo de fiestas de fin de año.

El “Negro Palma” había decidido con quién pasaría esta instancia. Unas 25 personas, entre amigos y familiares habían asistido a la CAS.

La Cárcel de Alta Seguridad estaba ubicada en la calle Pedro Montt y para ingresar al sector de visitas había que cruzar un angosto pasillo que finalmente llevaba a un patio interior. Ahí había una multicancha con el cielo abierto. En el lugar se dispusieron mesas para que los presos pudieran sentarse a conversar con sus más cercanos. Fue en este lugar donde Mirna Salamanca, su madre, Andrea y Marcela Palma Salamanca, sus hermanas, vieron por última vez a Ricardo Palma.

La visita de la familia fue rápida. Para que Ricardo Palma pudiera ver a la mayor cantidad de personas, entraba un grupo que compartía con él y rotaba por otro. Al finalizar la visita de la familia, Ricardo Palma acompañó a su hermana del medio, Andrea, a la salida del área de visita para despedirse.

—Cuídate. Te quiero mucho —le dijo.

Andrea pensó que las fiestas lo tenían un poco más emocional. Días después, la cariñosa despedida adquirió sentido.

 

Cómo lo vivió Mirna Salamanca

—Mamá, sabes que mejor que no me traigas más cereales porque estoy más gordo. Tengo que bajar de peso —dijo Ricardo.

—¿Y desde cuándo tan preocupado por bajar de peso? si tú estás bien —respondió Mirna.

—Pero me siento guatón cuando corro al jugar a la pelota. Estoy muy pesado—insistió Ricardo.

En su momento, conversaciones así no tuvieron ningún significado. Pero, al reconstruir la historia y constatar que Palma huyó de la cárcel en un canasto amarrado a un helicóptero, adquirieron otro sentido. Eso requería una preparación.

Mirna Salamanca, madre de Ricardo Palma, estaba en la Organización de Defensa Popular (ODEP) cuando se enteró de que su hijo se había fugado de la CAS. Partió a la cárcel con un grupo de familiares de otros presos, con quienes formaba parte de la organización, en busca de más información.

Al llegar se enfrentaron con varias dificultades. En la calle había barreras para ingresar a la penitenciaria. Había periodistas, carabineros y los gendarmes de la cárcel. El perímetro estaba resguardado y dar sus identidades a las autoridades del penal no las ayudó a obtener información alguna.

La prensa comenzó a asediar al grupo de la ODEP con preguntas sobre el escape. Los familiares no sabían nada, por lo que el grupo decidió volver a las oficinas para buscar más información.

Fue en ese momento cuando Mirna se contactó con su hija Andrea Palma. Ninguna de las dos tenía más información. Se despidieron y acordaron su encuentro luego de que Andrea se reuniera con su marido, Mario Insunza.

 

Cómo lo vivió Andrea Palma

Andrea Palma se enteró de la fuga en la tarde del 30 de diciembre, después de que el helicóptero se hubiese llevado a Palma, Hernández, Ortiz y Muñoz. Estaba trabajando en la Casa de Moneda. Iba caminando por los pasillos e ingresando a diversos despachos del lugar, cuando la llamaron por citófono en una de las oficinas. Daniel Canelo, su compañero de escritorio, se había enterado por la radio y quería contactarse con ella lo antes posible.

—Oye, ¿has estado cerca de alguna radio? —le preguntó Canelo.

—No, ¿por qué? ¿pasó algo? —respondió Palma.

—Sí, sería bueno que te vinieras a la oficina —respondió el compañero de oficina.

—Oye, ¿pero nada de lo que yo me tenga que preocupar o asustar? —insistió Andrea Palma.

—No, pero sería bueno que vinieras rápido, porque hay una noticia bien importante que están pasando por la radio —finalizó Daniel Canelo.

El camino de vuelta a su oficina estuvo lleno de miradas. Palma llegó varios minutos después al encuentro. La radio estaba encendida.

—Andrea, tu hermano se fugó de la cárcel —le dijo Canelo.

—¡Tú me estás hueviando!

Su colega le explicó que hacía unos treinta minutos habían dado la noticia en un extra. Por eso la había contactado.

—Ya te llamó Mario —agregó él, refiriéndose al marido de Andrea.

Mientras esperaba la llamada de teléfono fijo de su marido, Andrea Palma decidió buscar más información en la radio Cooperativa o Nuevo Mundo, pero todo era confuso. Gendarmería se estaba reservando la información.

Cuarenta minutos después, Insunza logró comunicarse con ella.

—¿Te enteraste? —fue lo primero que dijo Mario, al conectar la llamada.

—Sí, muy confusamente —respondió la mujer.

—Mira, es una cuestión espectacular, Andrea, espectacular.

Él ya había recolectado información.

—Esto habría sido más o menos así. En algún minuto se posó sobre el aire un helicóptero que se llevó una cantidad de presos. No sé cuántos son, no sé quiénes son, porque Gendarmería está como todavía armando los partes del asunto, pero está claro que está tu hermano. Hay un despliegue policial enorme, yo creo que hay que tratar de irnos a la casa ahora mismo —propuso Insunza.

—Ya, voy a hablar con mi jefa.

Andrea Palma no lograba sentir alegría porque su hermano estuviese libre. Tenía miedo. Quería saber de sus hijos, que estaban con una asesora del hogar. Y quería tener información oficial sobre lo que estaba sucediendo.

Minutos antes de las 16:30, Andrea Palma habló con su madre y hermana. Luego partió a la oficina de su marido. Y ambos fueron al encuentro de Mirna. Desde el centro, los partieron camino a su casa en La Florida.

Al llegar, Andrea Palma se aseguró de que sus hijos estuvieran bien. Luego vendría el momento de hablar con ellos.

El teléfono no paraba de sonar. Mucha gente, familiares, amigos y conocidos estaban interesados en saber qué sabía la familia del escape, aunque estos no iban a contar mucho de la situación, ya que no sabían nada y de saber algo, no lo contarían.

Más tarde llegó Marcela Palma, con su hijo de cinco años, a la casa de su hermana menor para conversar y acordar qué es lo que harían. Mientras tanto, la televisión sonaba de fondo.

 

Cómo lo vivió Mario Insunza

Mario Insunza trabajaba en la Fundación Promoción y Desarrollo de la Mujer (PRODEMU). Compartía oficina con José Sandoval. El lunes 30 estaban escuchando la radio cuando, a eso de las primeras horas de la tarde, informaron que había ocurrido una fuga desde la CAS.

Trató de comunicarse con Andrea Palma, su esposa, pero ella no contestó. En el intertanto, llegaron cinco personas a felicitarlo por el escape. “Se generó una trifulca en la oficina”, recuerda Insunza, por la que más tarde le llegaría un reto.

Una vez que pudo hablar con su mujer y le propuso partir temprano a la casa, se juntaron en el camino a eso de las cuatro de la tarde para ir en búsqueda de su suegra. Ahí Mirna Salamanca le contó que había ido a la CAS para conseguir información, pero le había ido mal.

Al llegar a su casa, alrededor de las seis de la tarde, la preocupación invadía al grupo familiar. La sorpresa y el nerviosismo se mezclaban con los vitoreos de felicidad porque Ricardo Palma había alcanzado la libertad y los llantos porque lo podrían capturar.

 

Final del día de la fuga

Estaban todos en el hogar reunidos, Mirna Salamanca, Marcela Palma, Andrea Palma, Mario Insunza y los hijos de los últimos dos. Su noche terminó muy tarde. Al día siguiente la vida retomó su curso.

Mario Insunza fue llamado a la oficina de su jefa, Jacqueline Saintard, para hablar de lo ocurrido el día anterior en su lugar de trabajo. La mujer le dijo que no podía permitir la celebración por un hecho así, que era complicado y terrible. Fue un llamado de atención para Insunza.

Las dos hermanas Palma volvieron a sus trabajos y Mirna a la ODEP. Pasaron alrededor de cinco años para que tuvieran noticias de Ricardo y no fue por una carta directa a la familia, si no que a través de un libro que fue publicado por la editorial LOM. Esa fue señal de que se encontraba bien.

Pero la ausencia pesa. Si bien celebraron la fuga, “su libertad”, igual quedaba “libro inconcluso” como dice Diego Insunza. Todos los años celebraban su cumpleaños de manera simbólica, aunque no supieran de él.

Tuvieron que pasar 21 años para tener un acercamiento real con Palma. La familia retomó el contacto en febrero del 2018, cuando gracias a la prensa, se enteraron de que había sido detenido en Europa, pero que fue dejado en libertad en poco tiempo.

Unos meses después, en abril, Mirna Salamanca, Marcela Palma y su hijo, Ignacio Asensio, viajaron a Francia para reunirse.

Las mujeres ansiosas llegaron al encuentro de Ricardo Palma. No fue un saludo efusivo, ya que no es fácil juntarse con un familiar que no se ha visto hace tantos años. El reencuentro del grupo Palma Salamanca ha sido de apoco.

Es en este contexto de nueva unión, en el cual la familia recibe la noticia de que al “Negro Palma” y a toda su familia se le concede el asilo político en Francia.

 

Imagen: 24horas.cl

 

 

 

 

 

 

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