Por Camilo Palma

 El Reloj del Apocalipsis fue creado en 1947 para simbolizar en su momento la amenaza de una guerra nuclear que haría desaparecer a la raza humana. Siempre ha estado a dos minutos de la medianoche, siempre expectante a cualquier cambio en la conducta humana que lleve al reloj a avanzar y, posiblemente, a no volver a retroceder. Ahora un nuevo enemigo aparece. Uno, al igual que las armas atómicas, creado por nosotros y que sin duda nos llevará a la medianoche si no lo detenemos a tiempo.

El cambio climático es un evento natural en la Tierra. Lo que no es natural es la cantidad de contaminantes que estamos liberando a la atmósfera. No es natural la excesiva tala de árboles en el Amazonas, que se profundizará aún más con la elección de Bolsonaro en Brasil. No es normal que en el siglo XX se hayan extinguido una serie de animales. Tigres de Java, del Caspio, el tigre de Tasmania, los dodos y el rinoceronte negro de África. Y sin contar las especies que hoy en día están en peligro. Todos los animales que aparecen en alguna película de Disney están cercanos a su fin. El león, el rey de la selva, tiene alrededor de 20.000 ejemplares vivos hoy, pero medio siglo atrás había más de medio millón de ellos. Los lémures, los orangutanes, los rinocerontes, los osos polares. Todas estas especies en peligro por culpa del actuar del hombre. De su incapacidad de vivir en conjunto con la naturaleza.

El IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) es una rama de las Naciones Unidas que es reconocida internacionalmente como la autoridad para hablar respecto del cambio climático. Sus documentos y reportes son validados por todos los participantes de la ONU, o sea, por alrededor de 120 países en conjunto con científicos. Una de las razones que valida a la IPCC es que ellos no generan estudios, sino que recopilan información de todo el mundo para generar sus comunicados. Estos estudios no son remunerados, por lo que los científicos que trabajan en ellos no tienen ningún tipo de ingreso por realizarlos. Cuando un comunicado va a salir al mundo, este es revisado línea por línea por los delegados de todos los países. En resumen, cuando la IPCC da a conocer un reporte, todos los gobiernos participantes de Naciones Unidas saben que es algo serio.

Esto nos lleva al reporte entregado este año que cita a más de 6.000 trabajos diferentes y los resultados son, en pocas palabras, alarmantes. Ya pasamos el punto de no retorno. El clima continuará tan errático como lo ha sido los últimos años, pero el reporte nos entrega una advertencia. Tenemos 12 años para cambiar drásticamente nuestra realidad o sino la situación solo empeorará. Ya pasamos el punto de mantener la temperatura bajo un grado Celsius, la batalla ahora es por mantenerlo bajo los 1,5-2°C. Y puedo prever a alguien pensando: “¿En qué puede afectar 1.5 grados?” Y es algo razonable. Vivo en Santiago, lugar donde en el verano puede haber cerca de 35°c al mediodía, por lo que 1.5 grados más (o menos) no son una gran diferencia. Pero consideren lugares donde la temperatura es relativamente estable. Tomen el Ártico por ejemplo. Aquí casi toda la superficie está completamente cubierta de kilómetros de hielo. En los veranos, mucho de este hielo apenas se está manteniendo congelado e incluso en algunos lugares ya se ha empezado a derretir. Entonces, suban la temperatura un par de grados y podría ocurrir que todo el polo se derritiera. Si algo de esta magnitud ocurriera, en promedio los niveles del mar aumentarían en 7 metros. ¿Piensan que existe un problema con la inmigración hoy día? Solo esperen a que cientos de islas y ciudades en las costas se hundan bajo la subida del mar.

Pero todo esto en especulación, ¿Cierto? Bueno, la IPCC tiene datos duros que entregar en el reporte. Si la temperatura aumenta en 1.5°C, 6% de los insectos, 8% de las plantas y 4% de los vertebrados perderán más de la mitad de su espacio natural. Si aumenta en 2°C, 18% de los insectos 16% de las plantas y 8% de los vertebrados sufrirán estas consecuencias. Se espera que un aumento de 1.5 grados destruya el 90% de lo que queda del arrecife coral, uno de los ecosistemas más ricos en el planeta. Un aumento de 1.5 grados nos permitirá ver un ártico sin hielo una vez cada cien años. Con un aumento de 2 grados sería una vez cada década.

Esto afectará a Chile de manera fuerte. Será a niveles superiores que con la crisis de 1929, donde nuestro país fue el más afectado del mundo. Un cambio drástico en la temperatura destruirá la pesca. Millones de toneladas menos de peces para el consumo y para la venta debido al calentamiento de los mares. Las islas del sur del país, incluyendo a Chiloé, podrían verse destruidas completamente por la agresiva subida del nivel del mar. La agricultura se vería mermada por al menos 500 años.

Pareciera que las plagas que azotaron a Egipto ahora caen en nosotros. Enfermedades como la malaria se extenderían masivamente debido al aumento de las temperaturas (creando un hábitat más aceptable para ciertas especies de mosquitos), la reducción en la cosecha de cereales como el maíz y el arroz, sequías e inundaciones, solo para nombrar algunos.

¿Y qué podemos hacer para detener esto? Podemos dejar de comer carne, o tanta carne, podemos cambiar los autos impulsados por combustibles fósiles por autos eléctricos e intentar ocupar menos agua en nuestros hogares. Pero todo esto, aunque cada persona en el mundo cambiará su  estilo de vida, significaría un cambio pequeño en la dirección correcta. Aquí nos encontramos a merced de los gobiernos y las grandes compañías. En un listado creado por el Climate Accountability Institute se indica que tan solo 100 compañías son responsables por el 70% de las emisiones de carbono del mundo. Y 25 de esas son responsables de la mitad.

Pero ahora que tenemos este reporte las cosas deberían cambiar, ¿Cierto? No exactamente. Si miramos a Estados Unidos vemos que su presidente es un hombre que fervientemente niega la existencia del calentamiento global. Hasta poco más de una semana, tanto la mayoría del congreso como de la representantes niegan la existencia de este fenómeno. Las personas encargadas de velar por el cumplimiento de las normas ecológicas son las mismas que apoyan a las empresas que generan efectivos negativos en al planeta, como por ejemplo Andrew Wheeler, cabeza de EPA (Agencia de Protección Ambiental), es crítico de los informes del IPCC y es un lobista de las empresas de carbón americanas.

Pero digamos que ocurre un milagro. Todo el mundo se pone de acuerdo para enfrentar el cambio climático y mantenerlo en 1.5°C. ¿Qué necesitaría pasar entonces? En resumen, el cambio más grande que haya experimentado nuestra especie. Tendríamos que cambiar toda nuestra a energía a fuentes renovables, dejar de ocupar combustible fósil para transportarnos, dejar de cortar árboles y empezar a plantarlos por los miles y al menos reducir de manera drástica el consumo de carne en el mundo. Suena imposible, pero es lo que debemos hacer para no convertir este planeta, que alguna vez fue un paraíso, en un infierno. Y no será uno para nosotros, sino que para nuestros hijos y nietos. Ellos sufrirán nuestra ignorancia y nuestro desinterés por el futuro.

En general he hablado únicamente desde los datos y estadísticas, pero considero que gran parte del problema es que nos sentimos como aparte de la naturaleza. Pero eso está mal. No estamos aparte de ella, somos parte ella. Tanto como el árbol, el perro, el gato, la lagartija, el pez payaso o el ser vivo que sea. Perdimos hace años cualquier vínculo con la Tierra y la naturaleza, y ahora pagamos el precio por nuestra falta de respeto.

Y aunque sea un antiguo sueño de la humanidad, debemos dejar de mirar al cielo en busca de planetas que habitar. Debemos, por un tiempo, dejar de pensar en Marte. Debemos concentrarnos en el planeta que tenemos, las estrellas las dejaremos para los futuros exploradores.

El reloj está a punto de acelerarse a una velocidad que la Guerra Fría jamás se podría comparar. Esta destrucción no la traeremos por el odio que un grupo de personas le tiene a otro, sino que llegará por nuestra falta de visión y entendimiento. Si avanza unos segundos podremos revertirlo en cerca de 1000 años, pero si llega a la marca del minuto, la medianoche no solo para la humanidad, sino que para todos los seres vivos, será inevitable.

3 comments on “Un minuto para media noche

  1. Luis González

    Muy entretenido artículo.
    La verdad es que, si bien conocía el concepto del reloj del apocalipsis, esto lo deja más claro. La implicancias de nuestras acciones sobre la naturaleza están más que claras. Ojalá todos puedan tomar conciencia de esto, y un artículo así, ayuda.

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  2. Excelente artículo.

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  3. Francis Argomaniz

    ¡Estupendo artículo Sr. Palma! Me anima encontrar reflexiones con esta altura de miras. Ojalá podamos difundir más este nivel de reflexión.

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