Me encuentro cursando la mitad de mi carrera, y como se ha vuelto una tradición, el carrete del ombligo fue tema desde el primer día de clases. En lo personal me desmarqué inmediatamente. No comparto el significado que tienen estos eventos. Y no lo digo por celebrar que ya queda menos de la mitad del tiempo para obtener el título universitario, sino al tremendo gasto de plata y  a los excesos de alcohol y drogas que se reúnen durante 3 días en la playa bajo esa excusa. 


Cabañas grupales, drogas de todo tipo y copete a destajo, esa es la tónica de un carrete que, como en casi todos, se transforma en un escenario ideal para aquellos machitos sedientos de sexo que buscan a una mujer ebria que baje la guardia para poder satisfacerse a como de lugar, logren su cometido.

Lamentablemente las situaciones de acoso y abuso sexual se encuentran en lugares supuestamente seguros para las mujeres. En carretes con amigos, la intimidad con sus parejas e incluso sus propias casas donde familiares que sobrepasan todos los límites, se aprovechan de la confianza imaginaria que existe en estos espacios. Y es que las drogas y el alcohol a destajo no son excusas para penetrar a una mujer que no esté en la plenitud de sus condiciones para consentir relaciones sexuales. Eso tenemos que dejarlo claro. 


Así ocurrió en el Ombligo al que asistieron algunos compañeros míos, en El Tabo el pasado fin de semana. Los titulares eran reveladores, “Estudiante UDD acusado de violación en fiesta universitaria”. La víctima denuncia haber estado inconsciente en su cabaña luego de haber consumido alcohol, cuando de pronto despierta con un compañero penetrándola sin su consentimiento. Él dice haberla ayudado a vomitar, haber sido invitado por ella a dormir y sacarse los pantalones para entrar a la cama. Esto, más un movimiento de la compañera fue suficiente, según él, para violarla.


¿Qué pasará por la mente de estos hombres que se aprovechan del poder que tienen y una sociedad cómplice, que no son capaces de entender que el sexo debe ser consensuado? ¿Es tanto lo que influyen las películas porno en la mente de estos hombres que no son capaces de ver  lo que están haciendo es violento y atenta directamente a la intimidad y la vida de una mujer y les excite la vulnerabilidad?

Las movilizaciones de este año comenzaron un largo y difícil camino que apunta a que los machitos y la sociedad entiendan que no es no, que el silencio no es consenso y que por muy ebria o inconsciente que esté una mujer no significa que quiera tener sexo contigo y por lo tanto te tienes que aguantar las ganas de tirar.


Como  hombres debemos tomar conciencia de esto y denunciar y a condenar a los que hacen estás asquerosas costumbres arraigadas en el inconsciente colectivo. No lo normalicemos diciendo “fue de curao”, porque curao y drogado vale igual, el abuso es igual. La compañera deberá superar el trauma de una violación y todas las consecuencias que le pueda traer. Ella y todxs debemos entender que no es su culpa por estar ebria, como cualquiera puede estarlo. No es culpa de ella por haber, supuestamente, invitado a un compañero a dormir. Ella no se lo buscó, ella simplemente se sintió segura en un carrete con sus compañeros de Universidad.

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