Género y Disidencia Trabajos de Estudiantes

LA NUEVA FAMILIA DE ANAÍS

Anaís Rojas (18) hace diez años fue testigo de la separación de sus padres. En la actualidad, vive con su mamá, sus abuelos y su hermana menor. Pero además, tiene una pieza propia en el departamento de su papá y Daniel, su pareja.

Por: Valentina Morales E.

Con un álbum de fotos, la argolla y libreta de matrimonio puestas sobre la mesa rectangular de madera del comedor, Giovanna Arévalo enfrentó a su marido, Marcelo Rojas. Eran las diez de la noche. En la habitación también se encontraban su hermano, Hugo Arévalo y el líder de la iglesia mormona a la que asistían como familia. Era el último día de vacaciones de invierno del año 2008 y la mujer había llegado de un retiro eclesiástico el día anterior. El religioso se encontraba ahí, para conversar sobre el paseo.

La reunión fue convocada para separarse de manera civilizada y madura, luego de siete años de matrimonio. Minutos antes, Giovanna había encontrado dentro la billetera de Marcelo un papel con un número, al que llamó por corazonada. Era el teléfono de un trabajador del comercio sexual. No se sorprendió.

Seis meses antes, Giovanna se había enterado de este tipo de encuentros por sospecha a los horarios inhabituales en los que Marcelo llegaba al hogar, ubicado en Independecia. Su marido le decía que no era gay y que solo había estado confundido. Por esto, habían visitado a un psiquiatra especialista en homosexualidad. Pero, ahora, estaba claro que nada había cambiado.

Giovanna le contó sobre su hallazgo al obispo, quien también era amigo del matrimonio y conocía un tanto la situación. Posteriormente, llamó a su hermano para contarle y le pidió que fuera a visitarlos. Marcelo estaba en el dormitorio matrimonial, en el segundo piso de su casa, junto a sus dos hijas, Anaís (7) y Valentina (2). Estaban viendo Backyardigans cuando su cónyuge le pidió que bajara.

—Te dejo libre para hacer tu vida con quien quieras —le dijo Giovanna—. Pero te pido por favor que tomes tus cosas y te vayas de la casa.

Anaís era una niña de piel morena, ojos oscuros y cejas marcadas. Cuando Marcelo se despidió, ella le sujetó la cara entre sus manos y le dijo:

— Papito no te preocupes, porque estas cosas pasan.

El padre, emocionado, pensó que las palabras de su hija no correspondían a las de una niña de su edad y consideró que hablaba como una mujer adulta. Tomó la maleta que había llenado con ropa y se marchó con destino a la casa de sus padres, en Talca. Estaba decidido a contarles su verdad.

***

En los días que siguieron, Anaís empezó a hacer preguntas acerca de la separación. Un día, la madre estaba barriendo y limpiando su pieza, cuando la niña apareció:

—¿Por qué se fue mi papá? — preguntó Anaís, algo acongojada.
— Bueno, porque el papá y la mamá no se entendían y había cosas que teníamos que mejorar — respondió Giovanna, de manera didáctica.
—¿Mi papá se fue con otra mujer? — insistió la pequeña.
—No hija, no sé fue con otra mujer — contestó la madre.
—Entonces se fue con otro hombre — afirmó con naturalidad Anaís, ya que en su familia había un primo homosexual.
— No es que se haya ido con otro hombre, pero él tiene una confusión— intentó explicarle la mujer.

El ex matrimonio acudió a un sicólogo para pedir consejo sobre cómo abordar el asunto con las niñas. Giovanna Arévalo explica que, tal como les recomendó, ella les iba entregando la información adecuada para su edad, a medida que iba creciendo. Aunque, dice, siempre esperó que fuera Marcelo quién respondiera sus dudas.

***

Diez días después de la separación, Marcelo se vistió con camisa blanca y corbata, vestimenta que, según dice, es propia de los mormones y fue a buscar a sus hijas para ir a la reunión sacramental. Luego, fueron al mall y tomaron helado, actividad que actualmente es una tradición familiar para las hermanas Rojas Arévalo.
Sin embargo, esa tarde fue extraña. “Ellas estaban superincómodas y nerviosas”, dice Rojas. “La Anaís estaba más relajada, pero la menor no sabía cómo actuar, sonreía entre dientes, porque no entendía la situación ni nada”.

Dos años más tarde, Valentina fue al complejo turístico Rosa Agustina Resort con su padre. “Una fiesta de trabajo” le explicó él a Giovanna. Cuando la hija menor volvió a Santiago, su madre le preguntó sí había muchos niños. La niña respondió que no. Y agregó:

—Estaba José, el amigo de mi papá.

Giovanna descubrió, entonces, que su ex le había mentido y que José Rojas era su nueva pareja. A ojos de la mujer, la situación era grave, pues uno de los acuerdos firmados en el divorcio, estipulaba que las niñas no tendrían cercanía con las parejas de su padre hasta cumplir cierta edad.

“Mi ex señora no sabía que iba con él, entonces ella hizo un escándalo gigante. Ella pensó que él era degenerado, que le iba hacer algo a la niña y todo ese cuento que todo el mundo cree”, explica el divorciado.

Todos se enojaron, incluídos los papás de Giovanna, quienes viven en la misma casa que Anaís. Pero, con el tiempo, todos en la familia aceptaron al primer pololo de Marcelo.

Hoy, Anaís vive con su mamá, su hermana y sus abuelos, pero dependiendo de los turnos laborales de su madre, también se queda en el departamento que su padre, donde tiene su pieza propia. Ahí comparte con Daniel Valdés, la actual pareja de Rojas y se llevan muy bien.

***

Anaís afirma que nunca sintió vergüenza porque su padre fuese gay. Eso sí, de primero a sexto básico, no lo decía porque era un tema tabú y temía que los apoderados de su colegio, el Centro Politécnico Particular de Conchalí, enfrentaran a su papá.
El 2013, en séptimo básico y cuando tenía 12 años, Anaís comenzó a contarle a sus amigas que su papá era homosexual. Ellas le preguntaban cómo era y qué se sentía.

Anaís notó un cambio drástico en sus amigas. En esa edad, era habitual usar la palabra gay como un insulto. Entonces las compañeras de Anaís comenzaron a poner atención y a cuestionar a quienes lo hacían.
El 19 de febrero del 2015, a los 14 años, la adolescente se fue a vivir con una tía materna a Estados Unidos, por lo que cursó primero medio allá. Los días previos al viaje, entremedio de compras de ropa interior y cosas básicas, Anaís decidió enfrentar a su padre.

Él sabía lo que le esperaba y estaba nervioso: “Yo caminé, me senté, me paré, caminé y me senté de nuevo. No encontraba ningún lugar preciso para hablar con ella. Entonces, me pilló en la cocina y ahí me enfrentó”, recuerda Marcelo.

Anaís quería escuchar de boca de su papá el motivo del divorcio con su mamá. Años antes, la familia que la esperaba en el país norteamericano había descalificado al primer conviviente de su padre por redes sociales. Ella quería escuchar la versión de su papá, saber lo máximo posible, para que nadie hablara mal de él y así poder protegerlo. Fue una conversación en la que aclararon todo y Anaís lloró gran parte del tiempo.

En marzo del 2016 llegó a Chile, donde cursó segundo medio en un nuevo colegio: el Liceo Tajamar. Ahí, conoció a Karina Castillo. Cuando se hicieron amigas, le mencionó al pololo de su padre:

—¡¿Qué?!— preguntó con sorpresa Karina, para asegurarse que había oído bien.
—Nada, que mi papá es gay— sostuvo la escolar.
La amiga, acostumbrada a la idea de una familia heteroparental, pensó que era algo fuera de lo común. Pero nada malo.

***

La última semana del 2017, Marcelo Rojas invitó a sus hijas a Algarrobo para celebrar año nuevo en el hogar de Daniel, su pareja desde hacía tres meses, y a quien las niñas aún no conocían.

La casa era de dos pisos, hecha de madera, amplia, con una entrada descuidada y un patio trasero pequeño.

El 31, Anaís invitó a su pareja, Benjamín Letranz, a pasar las doce a la casa de Valdés. Este último, después de insistir en reiteradas ocasiones, consiguió que Marcelo permitiera que el muchacho se quedara a dormir. Cuando el papá se empeñaba en que sus hijas se fueran a dormir, el dueño de casa salía a defenderlas justificando que estaban de vacaciones. Finalmente, Marcelo terminaba cediendo. “Es nuestro abogado”, asegura Anaís.

Meses después, Daniel consiguió trabajo de peluquero en Santiago, a dos cuadras del Liceo de Anaís y se fue a vivir con Marcelo. Cuando ella se enteró, sintió que “él siempre perteneció a ese departamento. Él pertenece a nuestro núcleo familiar”.

***

El pasado 8 de septiembre, la mesa del comedor de la casa de Anaís, tenía un mantel azul con blanco a cuadros y flores. Sobre ella, había nueces, quesos, aceitunas verdes y negras, canapés, y una torta de chocolate adornada con una vela con el número 18, que más tarde Anaís soplaría, usando una escotada polera violeta.

En la celebración estaban su madre, su hermana y abuelos, además de sus tíos y primos. También su padre y Daniel, quienes en conjunto con su madre escogieron de regalo unos aros colgantes de plata con diseños mapuche.

Cuando se sentaron a la mesa, José Arévalo, el abuelo de Anaís, levantó su copa con espumante e hizo un brindis: “Amo mucho a Anaís y me estoy adaptando a esta nueva familia que tenemos”.

1 comment on “LA NUEVA FAMILIA DE ANAÍS

  1. Alicia Morales Moraga

    Me gustó mucho Valentina. Es el relato del signo de los tiempos. Al final lo que prevalece son los valores como el respeto a la diversidad, y sobretodo el amor de la familia. Lo demás es paja molida. Es tiempo de no quedarnos pegados en los flecos, sino darle valor a lo realmente importante.

    Me gusta

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